Paleolítico Superior

Entre el 30.000 y el 10.000 antes del presente en la Europa mediterránea habitaban grupos de cazadores, recolectores y pescadores, capaces de gestionar la totalidad de recursos naturales de su entorno. La arqueología nos permite reconocer sus capacidades técnicas, la talla de la piedra (sílex, calcárea y otras piedras), el trabajo del hueso para fabricar utensilios de la vida cotidiana como agujas de coser, puntas de hueso para cazar o arpones para pescar. Además, también nos permite reconocer los lugares que utilizaban para vivir ya sean cuevas o campamentos al aire libre.

Esta manera de vivir, en equilibrio con la naturaleza, se perpetuó hasta el IX milenio antes del presente en el Mediterráneo occidental, cuando se observan una serie de transformaciones que anuncian el final de este estilo de vida. Lo que todavía no permite la investigación arqueológica es conocer con detalle las formas sociales. No obstante, los datos apuntan a que eran sociedades igualitarias con escasa o nula división del trabajo. Tampoco se puede afirmar que la forma familiar predominante fuera la nuclear. Sin embargo, en algunas fases del final del Paleolítico, el papel de las mujeres y de la reproducción debió ser especialmente valorado a juzgar por el gran número de representaciones femeninas documentadas, tanto en figuritas y plaquetas como en grabados de las paredes de cuevas.

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